de:
Alejandro Tello Peñalva
A LOS 61
(Señoras y señores, niños y niñas, hermosones y ricones)
Vinimos a nacer en este cornijal de las españas
horizonte llano donde florece el salicón y el cenizo
a medio camino entre Almorrilla y Villacañas
estepa cervantina que parece dormir bajo un hechizo
Situado entre dos ríos navegables con albarcas y peales
al lado de una laguna de ranas con cantimplora
mar de viñas y rastrojos, veguillas y salitrales
páramo con murga de grillos y chicharras como banda sonora
Nos recibió un mundo acabado de boinas y faltriqueras
de hidalgos pobres que aquí dieron por acabada la mudanza
que pensaron que este era tan buen sitio para vivir como cualquiera
gente valiente y decidida, con las alforjas llenas de esperanza
Compartimos maestros y curas y catorce años de Caudillo
botijos de La Rosario, fotos de Fumanchú, zapatillas de Esterilla
catas, paparruchas, “alcagüetes”, Tulicrem, chocolate Josefillo
el catecismo, el choped, la tortilla, la tabla del nueve de carrerilla
Pipas, chicles y caramelos de la Tomasa y Escobilla
pan de Cesáreo, de Poli, de El Señor y de Castillo
corrales con basurero y sarmentera, tabla de lavar y artesilla
cojedor y escoba de mijo, gloria, cuadra, galgo y trillo
Alcobas con cómodas y armarios que olían a alcanfor
cámaras con trastos viejos, trapos en arcones, uvas y melones
pasteles de Dionisio, polos de Juan José y El Colaor
y un patio de escuela bullendo de cabecillas y cabezones
Compartimos la mágica milla cuadrada de la infancia
donde todo comenzó, donde se desplegó el abanico de la vida
aquí os dejo, apañaros como podáis, dijo el Destino, feliz estancia
aquí conocimos el mundo, sus misterios y su incurable herida
Aquí vivimos el tiempo de los juegos, de con flores a María
aquí le dimos al trompo, a la bicicleta, al tejo, a las bolas y al balón
aquí gastamos los primeros calendarios con sus penas y alegrías
y el primer encontronazo, el primer agarrón entre la razón y el corazón
Aquí nos deslumbró el rock y el pop, Elvis, Pink Floïd, la Psicodelia
Los Beatles, Serrat, Los Rolling, Santana, Triana, Asfalto, Miguel Ríos
y en su mimbrera, la tía Castora reinando en la terraza de la Noelia
y en la barra unos cubatas, mano de santo para el corazón “partío”
La Noelia, templo, santuario, rincón de nuestros primeros escarceos
de los primeros botellines a medias, del primer baile agarrado
los primeros acercamientos, coqueteos, devaneos y otros meneos
la primera cita en el parque, el primer beso temeroso y asustado
Y al cine Conde a ver a Tarzán con la bolsa de patatas y la gaseosa
y después los largos y cálidos veranos de juventud en la terraza de La Luna
monaguillos de Venus y de Baco, a la búsqueda de la noche más hermosa
que acababa, casi siempre, volviendo a casa a las tantas, y más solo que la una
Recuerdos que llevamos a cuestas, hechos una gavilla
imágenes que giran como los míticos caballitos de Pichín
ansias, deseos, ilusiones, esperanzas, quimeras, sueños y pesadillas
pero casi siempre contentos, cual ninfómana en bicicleta sin sillín
Y esta noche celebramos juntos nuestro cincuenta aniversario
y lucimos sonrisas, lágrimas, canas y arrugas con naturalidad y sin complejos
que nadie se crea ya Matusalén, carcamal, ni pieza de anticuario
porque no hay mayor verdad que esta: sólo es viejo el que se siente viejo
Esta noche, por tanto, ni mentar a la nostalgia y la vejez
alegrémonos de estar vivos, comamos y bebamos sin tino
tengamos siempre presente que sólo se vive una vez
el salmo para hoy será: “de los árboles frutales, el mejor es el gorrino”
No creamos que fue mejor cualquier tiempo pasado
ni nos metamos en el agridulce charco de la melancolía
ni caigamos en la trampa de una vida de ni carne ni pescado
cultivemos a diario la amistad, el buen humor y la alegría
No acobardemos, más que la edad mata el pesimismo
y mucho más mata la apatía y el hastío que el colesterol
no amasemos más riqueza que la de ser fieles a nosotros mismos
alegremos los sentidos visitando a menudo el santuario del perol
Apuremos bien los días, los habrá para enmarcar en el diario
y otros que pasarán volando en un suspiro
otros que nos pesarán como un armario
y otros, como nosotros, destinados al olvido
Recordemos esta noche donde, por unas horas, cruzamos nuestros pasos
donde hicimos un alto en el camino para, no sólo hacer balance de lo vivido
sino, y sobre todo, estrechar manos, repartir besos y abrazos y chocar vasos
brindando por un tiempo, un lugar y unos buenos recuerdos compartidos
Y para no cansaros más, queridos y queridas
y para no añadir a estos versos más aderezos y barnices
ya sólo me queda desearos salud, larga vida
y haceros una petición, un deseo, un ruego: ser felices.
Alejandro Tello Peñalva. 26.11.2011
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